sábado, 16 de agosto de 2008

Sueño En Paris III

No me lo podía creer. Todo parecía un sueño ilógico, pero menuda alegría. Al parecer yo no había echado currículo alguno en esta empresa, más que nada porque no existía en Sevilla. Resulta que ellos se ponen en contacto con el colegiado de mi carrera y buscan a personas adecuadas para el puesto que ellos precisen. Yo no aparecía en el listado de personas que buscaban empleo, pero ellos no pidieron a gente que solamente tuviera la carrera si no que tuviera el master que yo curse y con las mejores notas en el expediente académico y resulta que era yo. ¡Que alegría¡ al parecer algo de mis numerosos años de estudios se veía recompensado gratamente.

El caso es que me ofrecían un puesto como directora de la parte económica de la empresa aquí en la sucursal de Sevilla. Un buen sueldo, una oficina ¡y con secretaria y todo, ¡ vamos un lujo al que obviamente no podía decir que no.

Manuela me contó punto por punto todos los cometidos de mi puesto. La entrevista fue larga pero más que nada porque ella daba por supuesto que yo aceptaría el puesto por lo que se detuvo con lujo de detalles en los intríngulis de la empresa como si yo ya formase parte del equipo.

Salí de aquel maravilloso lugar dos horas después de llegar. Manuela quedo en llamarme nada más que estuviera listo el contrato, el cual acentuó que estaría a la mayor brevedad posible.

Con semejante noticia no podía ir a encerrarme al cuchitril que tenia por casa, había que celebrarlo, anunciarlo, ¡proclamarlo a los cuatro vientos¡ Cogi el teléfono y llame:

- ¡Hola mama¡
- Hola cariño, ¿pasa algo? Te noto alterada.
- Mama me han ofrecido un empleo nuevo, en una empresa que esta empezando en Sevilla, con mejores condiciones que en la que estoy y con un sueldo ¡que dobla el que tengo ahora¡
- ¡ Ay cariño¡ ¡que alegría¡ Manolo¡¡¡¡¡ que la niña ha conseguido otro empleo mejor, cariño te lo merecías, vas a venir a cenar a casa, estoy merece tu plato favorito. Podemos llamar a los titos y…
- No mama, gracias, lo dejamos para el fin de semana, es que mañana tengo que trabajar de nuevo, o mas bien hablar con mi jefe para mi dimisión.
- Bueno cariño, el sábado entonces, veras que contento se ponen todos. Cuídate
- Si mama, un beso, te quiero.
- Te quiero hija.

Le agradaba mucho oír a su madre contenta, pero su felicidad era efímera en sus conversaciones. Al colgar, se dio cuenta de que había repasado casi toda la agenda de su móvil, unas 25-30 personas que eran familiares y amigos, aunque la palabra amigos se podría sustituir por conocidos quizás.

Eran personas péndulas como llegue a denominarlas un día. Gente que están en tu vida, quizás hace muchos años, quizás hace relativamente escaso tiempo, pero no estaban de forma continuada. Con ellos se podían echar risas, charlas sobre temas banales, partidas de bolos y salas de cine compartiendo palomitas con quien se siente a tu lado. Sois amigos para las buenas, pero para las malas solo se miran el ombligo de uno mismo.
Al tercer año de facultad empecé a darme cuenta de la falsedad con la que la gente andaba por los pasillos y las aulas. Esas cálidas sonrisas, llenas de alegría y estimación, con sus buenos deseos, eran en verdad, los odios y rencores de haber sacado una nota más alta que ellos en un examen.
Al concluir mis estudios me di cuenta de que no podía confiar mis temores y tristezas, mis dudas y mis problemas a nadie. Porque cada uno se mira su ombligo y siempre intentaran sacar tajada de tu desgracia.
Así, que al darme cuenta, de que mi agenda no era mas que una continuación de la hipocresía que ellos mismos desprendían, cogí el móvil, menú, agenda, borrar todos, aceptar.
Drástica, sin duda alguna. Equivocada, quizás.
Pero a pesar de todo eso, me sentía liberada. Era como haber roto un lazo a mi pasado que me unía a cosas que no quería tener en mi vida. Sin duda alguna me sentía volando con las golondrinas mientras que los rayos del sol acarician su plumaje y el viento mece sus danzas aéreas.
Y así, danzando por las calles de Sevilla, recorriendo las tortuosas calles del Barrio de Santa Cruz, admirando sus casas blancas y encaladas y oliendo el perfume de los geranios que se desprendían desde los balcones, volé y me sentí libre.

Pero ese sueño, esa secretaria tosca, ese nuevo puesto de trabajo merecía tal cambio. Así que termine mi paseo y me fui a casa; con mi agenda vacía, a ducharme, arreglarme y salir a no se que lugar de Sevilla a brindarme una copa, porque mi nueva vida lo merecía, porque yo también.

2 comentarios:

El Errante dijo...

Un buen puente para pasar...

Soboro dijo...

La historia está muy interesante. A ver qué tal sigue.