viernes, 22 de agosto de 2008

Sueño en Paris IV

Abrí el ropero y busqué en el fondo de armario. No encontré nada excesivamente pomposo para una noche de fiesta ya que no era de las que frecuentaba Púb. y discotecas los fines de semana.
Así que me puse unos pantalones cortos y una camisa rosa con un escote sugerente. No me gustaba ir exhibiéndome como mercancía por eso prefería la ropa elegante, con esta das la imagen que debe dar una mujer que se valora y sabe utilizar sus armas, no la chabacanería y ordinariez.

Como no sabía cual era el local de moda de ese verano y tampoco tenia ganas de encerrarme en una terraza con la música alta y con mas personas de las que debiera, me fui a la calle Betis. Sin duda esa calle era perfecta para esa noche. Con su bullicio habitual de verano, con todos los pubs con música y sus mesas fuera para poder mirar el río y admirar el puente de Triana. Con mi sonrisa de oreja a oreja para celebrar esa nueva oportunidad que me habían ofrecido. ¡ y pensar que el día había empezado pareciéndome de los peores de todo el mes!

Entre en el pub y pedí un San Francisco. La muchacha que atendía la barra, sin duda alguna cumplía el requisito para trabajar en pub de noche, exuberante, con un maquillaje impecable y el modelito de fin de semana. No entendía como se dejaban ser como un maniquí en exposición, esa actitud me parecía totalmente denigrante para la imagen de la mujer trabajadora y de la mujer independiente que con tanto ahínco defendieron nuestras pasadas feministas.

Salí a la calle, copa en mano, y tuve suerte porque solamente quedaba una mesa desocupada. Me senté y alcé mi copa para brindar con la hermosa luna llena que reflejaba su redonda silueta en las aguas del Guadalquivir, el viento acompaño aquel brinde con su brisa fresca de noches de verano trayendo un olor lejano, pero intenso, de jazmines y dama de noche.
Al rato de estar allí, algo aburrida ciertamente, se acercó a mi mesa un muchacho. No pasaba de los 26 años de edad, alto, de complexión atlética, rubio, con unos ojos verdes azulados que de primeras te quitaban el sentido.
- Perdona, ¿tienes fuego?
- No, lo siento, no fumo.
- ¡Qué casualidad, yo tampoco! – dijo con una sonrisa digna de un anuncio de televisión-
- Pues si, mira que casualidad – le respondí con una sonrisa avergonzada
- ¿Puedo? – dijo señalando la silla pidiendo permiso para sentarse
- Claro, adelante. Comprobemos si sigues siendo tan elocuente.

Era un muchacho bastante interesante. Se llamaba Alex y según me contó, trabajaba en una tienda de telas de la calle Franco llamada Cadenas. Era director financiero de la sucursal en Sevilla. Y la verdad es que me sorprendió muy gratamente porque no era el típico muchacho que te habla de que si se va a comprar el coche y se pasa toda la noche adulándote para conseguir mantener una relación de una noche contigo. Teníamos algunas coincidencias en gustos pero nada especial tampoco. Quizás nos pasamos tanto tiempo hablando y acepte la copa que me ofreció porque ambos estábamos solos y éramos iguales de charlatanes.
Él, al parecer, había quedado con un chica esa noche, pero cuando el ya se encontraba esperándola para ir a cenar, ella le había llamado para decirle que no podría ir por motivos que claramente a mi no me conciernen, aunque ardía en deseos de saberlo; como no, mi vena curiosa tan a flor de piel como de costumbre…
A las dos y media de la madrugada decidí que era hora de retirarme si no quería llegar mañana al trabajo con dos ojeras por la comisura de los labios, aunque ahora pensándolo bien, no era tan mal idea. Quizás de esa manera mi jefe admitiera de mejor agrado mi dimisión por miedo a las represalias de una zombie. Jajaja ¡que pena no serlo¡ sería una absoluta delicia poder torturarle un poco.

Me acompañó hasta el puente de la plaza de Cuba y nos intercambiamos los números de teléfono para tomar un café un día de estos. Yujú ya tenía el primer número de teléfono nuevo en la segunda vida de mi móvil.

Cuando iba de camino a casa decidí no continuar con la tortura. No podía soportarlo más. Así que en el primer banco que encontré, me senté y me desabroché las malditas sandalias de 10 cm de tacón, desde luego las mujeres seremos inteligentes para algunas cosas pero para otras… como nos gusta sufrir.
Pues una vez que mis pies fueron liberados de los malvados inquisidores, continué mi camino. A escasas calles de llegar a casa, me encontré por la calle con un caballero, y no le digo caballero por su edad si no por su apariencia.
Era un hombre joven, tremendamente atractivo. Llevaba un traje de chaqueta de lino beige e iba distraído leyendo un libro. Pasamos al lado uno del otro y su perfume me embriagó de sensaciones, era como estar flotando en una nube que oliera a mar junto con la delicadeza de las flores de almendras sin perder el toque agrio de éstas.

Cuando se alejo de mí dejando su olor impregnado en mi pituitaria me di cuenta de que había un papel que estaba planeando para descansar en el suelo. Lo cogí al vuelo antes de que se posara y rápidamente grité:
- ¡Disculpe caballero¡ ¡perdone¡
No se enteraba o no quería echarme cuenta. Así que salí corriendo en su dirección. Cada metro que me acercaba su perfume llegaba mas intenso y conseguía paralizar mis sentidos. Pero le alcancé el brazo parándolo en seco.
Él se dio la vuelta rápidamente y algo sobresaltado. No se que imagen vería de mí, pero yo si me la imaginaba. Una loca andando descalza por mitad de la calle con la camisa entreabierta y despeinada por la carrera. Menudo éxito chica.
- ¿Sí?
- Perdone – respira Blanca respira- es que – inspiración profunda de aire debido a la carrera- se le ha caído este papel.
- Ah muchas gracias- cogió el papel y lo guardó entre las paginas del libro
Mientas guardaba el papel conseguí ver de que libro se trataba, era Ecce Hommo de Nietzsche, una de sus últimas obras y quizás por ello de las mas desesperados del autor. Yo lo había leído hacia años pero aun recordaba las hipérboles que buscaban desquiciar al puritanismo reinante en Europa por esa época.
- Muy buena lectura sin duda, una de sus últimas pero no por ello menos no brillantes obras.
- Tiene usted razón señorita, y disculpe que le diga esto, pero creo que debería llegar a casa cuanto antes no es muy adecuado andar descalza por las calles- dijo sonriéndome y en su lenguaje advertí ciento acento extranjero, pero era tan sutil que no llegue a acertar de cual se trataba
- Tiene usted razón. Buenas noches.
- Buenas noches

Él se dio media vuelta y continuó ensimismado en su lectura, mientras yo continuaba mi camino a casa recogiendo del aire cada partícula de su perfume.

6 comentarios:

Ayshane dijo...

jo mi niña... y ése perfume desde luego me ha llegado hasta aquí, a través del tiempo y la distancia...

Besitos guapa!!!

Soboro dijo...

Me recuerda algo al Diario de Bridget Jones. Cada día más interesante.
Como Ayshane yo también he respirado ese olor perfumado de esencias y de guapo, je, je.
Un beso

Aïcha dijo...

^^ muchas gracias chicas. El perfume se inspiro al imaginarme a ese muchacho.
y Soboro, en parte me alegra de que cada día este más interesante aunque no contaba con que se pareciera al Diario de Briget Jones (ni siquiera he visto las pelis) pero tampoco contaba cuando empeze que tomará este halo romántico pero ya sabes como son las historias son los personajes los que decidden a donde va esto
Espero tener en breve la entrega V, que seguro os sonará menos romántica.
Y por cierto, ya sabeis el nombre de la señorita Blasco ^^

Blaudemar dijo...

Me he leído las anteriores entregas. Y me está gustando la historia... A ver qué pasa con Blanca... (eso de vaciar los números de la agenda del móvil yo también lo hice una vez... me sentó de fábula).

Casandra dijo...

Comparto con tu personaje la opinión sobre la indumentaria de las mujeres. No hemos luchado tanto para que no nos miren como a un pedazo de carne para ahora parecerlo voluntariamente y echar toda esa lucha por tierra.
¿Volverá a encontrarse con el hombre del perfume misterioso? Me atrae más que el chico joven. XD Espero que se encuentren de nuevo y tengan una conversación.
¡Un besito! :o)

El Errante dijo...

Ecce Homo, no Ecco, que es italiano, cara Aicha.

Me gusta el relato. Sigues bien el consejo de mantener tu sentido del humor. Eso hace de tu escrito algo fresco y luminoso sin estridencias, que es lo que más me gusta.

Es interesante el último personaje. Copyright.