viernes, 30 de enero de 2009

La historia de Aíxa (aïcha)

Nota: No es mi historia, es un fragmento del libro El cazador del desierto de Lorenzo Silva. Un libro que marco la parte más importante de mi vida y la que me hizo darme cuenta de que al igual que la protagonista de ese libro a mi, en parte, me sucedería lo mismo. En realidad soy un poco de orens tambien. M. de ahí viene lo de duna, Dorens = duna + orens. Un saludo. Vuelvo la semana que viene sin falta.
Le miré y comprendí que era lo que había cambiado. De pronto ya no estaba enfadada ,ni con él ni conmigo ni con la tarde. Sobre todo lo demás ,empezaba a notar correr del tiempo ,la proximidad de la despedida.
-Sí, será de otra forma –admití-. Ahora me acordaré del desierto.
Una sonrisa radiante apareció en su rostro.
-Veo que lo entiendes –dijo.
-Claro que lo entiendo –repliqué, un poco desairada-. Entiendo tanto como puedas entender tú. Nos parecemos mucho, por si no te habías enterado. A primera vista tú eres una especie de delicuente y yo la hija hacendosa que quieren todos los padres, pero en el fondo tenemos las mismas inclinaciones. También a mí me tira el desierto, aunque no la haya visto y sólo sepa de él lo que tú me contaste.Tenemos alma de camello los dos.
-Es gracioso que hables de camellos –observó, pensativo-.Es verdad que nos parecemos, pero también somos diferentes. Y mira por dónde, puede que eso de los camellos explique las diferencias que hay entre tú y yo.
-¿A qué te refieres?
-Según Lawrence, los árabes prefieren con mucho las camellas a los camellos. Las camellas son más nobles y equilibradas; tienen mejor temperamento y hacen menos ruido. Por encima de todo,son más pacientes y aguantan mejor el cansancio. Los camellos ,en cambio, se enfurecen en cuanto están cansados; se dejan caer al suelo y se mueren allí de pura rabía y sin ninguna necesidad. A lo mejor yo soy un poco como un camello, impaciente y rabioso, y tú como una camella,más…
-Más obediente, vas a decir.
-No.Más lista.El desierto es grande.
-Te burlas de mí.
Orens me miró a los ojos.
-No me burlo,Aíxa-aseguró-. Tú vales mucha más de lo que valgo yo. Por eso quise conocerte. Y por eso me aguanto ahora que tengo que irme. Yo no puedo tener a alguien como tú.
Ahora sí que hacía frío de verdad.Yo llevaba una cazadora que el viento atravesaba como si fuera un colador, y no pude evitar un pequeño estremecimiento.Orens lo notó y sin decir nada me pasó un brazo por el hombro. Le costaba, porque él era más pequeño que yo, pero se empeñó en rodearme. Pude sentir el calor de su mano en mi hombro, durante el poco tiempo que tardaron sus dedos en enfriarse. Los dos nos quedamos callados.
-Me pregunto para qué lo hiciste –dije, al cabo de aquel silencio.
-¿El qué?
-Acercarte. Para qué, si ibas a irte en seguida. Para qué, si como dices no podías tener a alguien como yo.
Al oir esto,Orens me soltó.Tardó en responderme.
-En realidad –me dijo al fin-, no es por ti.Yo soy un poco nómada, como los hijos del desierto, y los nómadas sólo pueden tener encima lo que pueden llevar encima. Lo único que puedes llevar encima a todas partes son los recuerdos. Creo que me acerqué para llevarme el recuerdo de todo: de haber estado aquí contigo, de haber visto esas películas juntos, del sonido de tu risa. Si no me hubiera acercado,sólo habría podido recordarte en el instituto, cuando todavía no eras Aíxa y no me tenías ningún aprecio.
Me quedé mirando las luces lejanas, mientras trataba de acordarme de aquella época. Me parecía que ya habían pasado siglos.
-¿Crees que hice mal?
-No –contesté-. Ya suponía que te ibas a ir. Tenía una teoría, todo el rato.
-¿Una teoría?
-Estaba convencida de que íbamos a dejar de vernos pronto. Me da que nadie puede estar mucho tiempo con alguien demasiado parecido. Cuando alguien se parece demasiado a ti,tienes miedo de terminar siendo igual y acabas escapándote, si es que el otro no escapa antes.
Aquello le sorprendió. De pronto, se le iluminó la mirada.
-Gracias por confesármelo –reconoció.
-Por confesarte qué.
-Que habrías acabado escapando. Me quitas un peso de encima.
-Pues no debería –protesté-. No importa lo que habría terminado pasando, sino lo que pasa. Eres tú el que se va y yo la que me quedo sola.
-Tienes razón –asintió, docílmente-. Cargaré con mi peso.
Era la última vez y podríamos habernos quedado allí hasta las tantas, mirando cómo las luces de Madrid tiritaban en la helada noche de Diciembre. No me importaba que mis padres me castigasen, porque él iba a coger un avión a Chile al día siguiente y ya me daba igual poder volver a salir o no. Sin embargo, preferimos cumplir con nuestras costumbres,por si eso ayudaba a hacer el trago menos amargo. Lo único que varió fue que me llevó en su moto hasta el mismo portal, en vez de quedarse en la avenida donde solía dejarme todas las noches. Mientras estabámos allí, despidiendonos, pasó Loli, las más cotilla de todas mis vecinas. Se le abrieron los ojos como platos, con los que le sacó un retrato-robot a Orens para repetírselo después a todo el mundo. Tampoco eso me importaba.
-Bueno, ahora es de verdad –dije.
-Sí –dijo él.
-¿Me llamarás cuando vulevas?
-Falta mucho para eso.
-No te andes con evasivas.
Bajó los ojos. No era frecuente que te rehuyera la mirada.
-No lo sé. Supongo que no.
-Muy bien –lo acepté-. Es mejor que no quieras engañarme. Me decepcionarías si empezaras a hacerlo, a estas alturas.
Quería ser fuerte, por lo menos mientras le tuviera delante de mí. Quería que viera que yo era capaz de soportar los contratiempos.
-Si no te llamo –explicó- no será porque no me apetezca.
-Eso ya me lo imagino –me reí-. ¿Me escribirás, por lo menos?
-Tampoco lo sé.Creo que más bien debería dejar que me olvidaras.
-Escríbeme o no me escribas, como te dé la gana –dije-. Pero no sueñes ni por un momento que voy a olvidarte.
Retrocedió un par de pasos. Por primera vez, me pareció que su interior era tan frágil como su exterior.
-Bueno ,Aíxa. Me voy.
-¿Y no vas a darme un beso, siquiera?
Sacudió la cabeza a un lado y a otro, despacio.
-No. ese recuerdo no puedo llevármelo .dijo, con aire sombrío.
Tras pronunciar estas palabras, echó a andar hacia su moto. Mientras le veía alejarse,se agolparon en mi cerebro mil ideas enloquecidas. Podía echar a correr tras él y ser yo quien le besara. Podía cortarle el paso y obligarle a jurarle que volvería por mí.Podía, inculso, tratar de convencerle de que no cogiera ese avión a Chile. Pero comprendí que no iba a hacer nada de eso, que me iba a quedar allí quieta viéndole irse y sin mover un dedo para impedirlo. Al menos pude gritar,antes de que arrancarse:
-Acuérdate siempre. Eres tú quien me deja sola a mí…]

lunes, 12 de enero de 2009

Comunicado (reditado)

Ante todo, pediros disculpas por no postear ni comentaros. Estoy en plena época de exámenes y el tiempo me escasea a todas horas.
Prometo con la mano en el corazón visitaros, comentaros y postear nada más que me sea posible.
Os echo mucho de menos a todos, pero incluso estoy agobiada con los exámenes cosa que jamas me pasa.
Así que cruzar los dedos por mi como haré yo misma, para que los exámenes salgan bien y para tener tiempo el fin de semana para sentir todas vuestras palabras.
Sinceramente apenada.
Aïcha

PD: gracias por vuestro apoyo. Os he contestado a los comentarios del post anterior. Un beso a todos. Besos

martes, 6 de enero de 2009

Tú y yo

Veo la imagen de nuestra silueta proyectada ennegrecida en la pared.

Envueltos en la suavidad de las sabanas de seda, mezclando el aroma de nuestros cuerpos y la ternura de nuestras respiraciones

Toques de naranja y menta en su pecho. Tenue olor a violeta en el mío.

El roce de tus manos sujetando fuertemente las mías mientras, como experto marinero, entrelazaba nuestros dedos como nudos que sujetan el barco que lleva al puerto de nuestras noches.

Suspiros que suenan como las notas de la última de sus composiciones.

Tanto amor y dulzura imposible de dar cabida en un solo cuerpo. Porque quema y consume. Porque embriaga e incluso desespera.

Cálidamente, cuando la hoguera de mis entrañas consumía los pilares de mi persona, capaz de dejarme envuelta en la niebla de mis tristezas, hecha cenizas por un fuego fatuo y arrastrada por el helado viento del norte hacia el lugar perdido del amor desmesurado; de las palabras no dichas y de los sentimientos enjaulados; fue entonces cuando llego a mis oídos tu música.

El latido de tu corazón descompasado.

La fuerza y al furia de una jauría salvaje atrapada en tu pecho.

La magia de todos los momentos de la historia escrita con nuestras miradas. Cuento de emociones inacabables. Relato de imperecederas caricias. Fábula con visión optimista. Leyenda dulce de un pretérito acabado. Narración continúa de un porvenir rebosante de perspectivas. La moraleja de nuestros te quiero.

Allí me quede. Agarrada a tu pecho escuchando la melodía de mi vida, escrita con la partitura de tu lírica y el sonido de tu voz.

Allí me quede, siendo un uno, siendo un todo, siendo simple y meramente, tú y yo.