martes, 14 de abril de 2009

Carta desde otro corazón

Sin duda la mejor manera de empezar es con un saludo cordial y desabrido. La hipocresía prefiero dejarla colgada del llavero compartido en un burdel de veraces mentiras.

Sin entender ni porqué ni cómo, la antipatía se fue mezclando con la aversión, que al crecer, dió lugar a la repulsión total y absoluta hacia todo aquello que una vez fuera parte de nuestro entramado enjambre venenoso disfrazado de cielo estrellado con color de azul de Thenard.(*)

Melodiosas sinfonías compuestas desde los azufrados paisajes del odio y acompañados con el desdeñoso y aséptico rencor de literatura escrita en pretérito anterior.

Hoy por hoy todo carece de sentido práctico porque tu negativa no hace más que ratificar que, en aquel tiempo que hoy no es más que un pluscuamperfecto quemado, marchito y demacrado por tus incesantes vaivenes, intenté consumar, con mi tenaz voluntad, una canción que no era la que correspondía.

Hostiga, rastrea e importuna cada segundo de tu existencia el tesón con el que pretendes arañar milímetros del presente.

Nada perturbará mis oníricas ensoñaciones porque en mis pernoctaciones tu malicia recubierta de soberbia y el fétido y hediondo olor de tu recuerdo son recibidos a punta de verdades sin corazón.

No hay mejor forma de despedirse que con una sonrisa sarcástica y lacónica. La prepotencia prefiero dejarla colgada en tu mitad del armario que se quedó sin compartir.
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viernes, 10 de abril de 2009

Delirios de una pesadilla.

Te veo y me ves.
La amplia avenida se hizo tan estrecha.
Piel, suave y tersa rozando la mía, áspera y seca.
Caricias envueltas en ternura.
Lentos vaivenes del cuerpo incitador.
Pasión que toma trazos de lujuria.
Veneno.
Cruel y malgastado veneno.
Arpía de la noche escondida bajo el faldón de estrellas.