lunes, 29 de marzo de 2010

Tan sencilla la escena como la siguiente.

Llega y pide dos cafés.
Uno solo, otro con leche.



La cara extraña del camarero por pedir dos cafés habiendo únicamente una silla ocupada en la mesa que da a la calle.
Paga y se sienta a escribir en su cuaderno, tomando su café.

Esperando.

El café comienza a emitir sus últimos extertores.
Se enfrió...

Después de una hora y media, Ella se levanta, coge sus cosas y se va, bajo la atenta mirada del camarero que la observa sorprendido.

No llegó.
El café se enfrió. Y ella sabe que era Cristina quien lo retuvo.

Al fin y al cabo ella sólo era su mediocridad.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Si no llegó después de tanto esperar es que no merece la pena...

Aïcha dijo...

Cierto. No valía la pena. Pero no era por él por lo que estaba, si no por ella. No quería volver a darse cuenta de que no era más que una hoja de recambio donde anotar banalidades.

Edamal dijo...

A veces no merece la pena esperar, sino que es mejor cuando te das cuenta de que sola el café sabe mejor. Te quiero wapa

X dijo...

Yo no habría pedido dos cafés, encima pagó el doble por alguien que no valía ni la mitad. :-)

Sara dijo...

Pobre camarero... presenciar algo así sin comprenderlo...

;)

Ela dijo...

pues debió ser una gran desilusión!