martes, 24 de agosto de 2010

Andén 4

Era una pareja mayor, con una edad pasada del medio siglo me atrevería a decir.


Ella, con su pelo largo y cano. Él, con unos ojos azules cristalinos.

Ambos se sentaron lentamente en uno de los numerosos asientos repetidos de la estación.

Apenas se miraban, solamente dejaban sus manos entrelazadas mientras permanecían en silencio.

Solo había una maleta justo al lado del hombre, él es el quien partiría a algún lugar, ella quedaría en tierra.

Los ojos del hombre, aunque cristalinos en color, cargaban con la sombra de la tristeza. Su rostro desprendía un color gris penetrante, como un manto que llevaba atado al cuello como capa y que se movía con la corriente del viento que corría por el pasillo.

Ella, mirando sus pies con sus ojos negros azabache, parecía convencerse de no llorar en la inevitable despedida que se produciría, buscando algo de resignación en cualquier motivo que fuera capaz de recordar o, incluso, llegar a sentir que aquello no sucederia.

Pero, sin previo aviso, sonó el chirriante ding dong de la salida de un tren a un destino lejano para los dos.

Cogidos de la mano, se levantaron al unísono, y se dirigieron al andén con pasos acompasados, aprovechando los últimos instantes de su vida en común.


Anden 4, destino algun lugar,


La despedida fue solo un casto be

so propio del decoro de la edad.

Él subió. Ella esperó a que el tren partiera y al desvanecerse el tren en el horizonte, ella, con el rostro cansado, los ojos cabizbajos y una mirada pesada y lúgubre, caminó en la dirección contraria, con sus cabellos canos agitados por el aire mientras que una fugaz lágrima discurria por su envejecida mejilla arrastrada por el viento en direccion al tren.




5 comentarios:

X dijo...

También hay un tren esperando para ella en alguna parte, en algún futuro.

La gata Roma dijo...

Puffff… que mal se me dan a mí las despedidas… no sirvo…
O las hago cortantes o las eternizo…

Kiss

Ricardo J. Román dijo...

Excelente tu historia.

Me gustó mucho.

Saludos!

Juanma dijo...

Qué bonito.

Julio Cortázar escribe algo así como (no es literal, cito de memoria): Eso que en las estaciones de tren también se llama destino.

Besos.

Ayshane dijo...

Que tristeza más grande refleja este relato... uffff